Noticias financieras: la guerra comercial EEUU-China

En el mundo de hoy, las noticias financieras no nos pueden ser indiferentes. Vivimos en una civilización intensamente conectada, en la que los sucesos más grandes siempre tienen alguna repercusión sobre los más pequeños. Es por eso que la información y, en especial, las noticias financieras, tienen un valor importante, que no podemos dejar pasar.

También es cierto que el mundo se mueve gracias al dinero, y es el dinero el que determina en gran medida nuestro modo de vida, todo lo que tenga que ver con el comercio, la producción a gran escala de bienes y servicios, la circulación a través del mundo de mercancías, termina afectándonos de un modo o de otro.

En este contexto, uno de los sucesos que últimamente han acaparado titulares a nivel mundial es el conflicto que se ha generado entre dos de las más grandes economías a nivel global: Estados Unidos y China. ¿En qué consiste la “guerra comercial” entre ambas naciones? ¿Qué implicaciones tiene para el resto del mundo? Aquí trataremos de resolver algunas de estas cuestiones. Empecemos.

¿Quién declaró la guerra?

La relación entre las dos economías más grandes del mundo es harto compleja. En público, los mandatarios de ambos países, Donald Trump y Xi Jinping, han manifestado muestras de simpatía el uno con el otro, más allá de las afinidades autoritarias que cualquier observador podría apuntar. Por otra parte, ambas naciones se han visto forzosamente aliadas en meses pasados en el proceso de mantener a raya a Corea del Norte, (país fronterizo con China, y que tiene en el gigante asiático a su principal socio comercial), y sus pretensiones de desarrollar un arsenal nuclear.

Pero, como suele suceder en el ámbito de la diplomacia, esta aparente cordialidad entre los gigantes lo que esconde es una latente conflictividad que, por lo menos, ya ha empezado a manifestarse en el ámbito comercial, concretamente en medidas ejecutivas que afectan el intercambio entre ambas naciones.

Estas medidas tienen su origen en las promesas electorales de Trump. El sorpresivo triunfador, ocupante número 45 de la Casa Blanca, llegó a la primera magistratura de la nación del norte con un programa marcadamente populista, guiado como un faro por la consigna Make America Great Again (Hagamos a América grande otra vez). Su campaña se centró en la necesidad de rescatar el papel preponderante de los Estados Unidos en el escenario mundial, supuestamente perdido, en que respecta a lo económico-comercial, por causa de desafortunados acuerdos impulsados por sus predecesores, que, siempre según Trump y sus partidarios, han favorecido a economías emergentes como la china, en detrimento de la producción industrial nacional estadounidense.

Estas condiciones desfavorables han tenido como resultado la pérdida de puestos de trabajo por la movilización de fábricas a otros puntos del globo en busca de facilidades impositivas o condiciones laborales más manejables para los empresarios.

En este contexto, Trump llega a la presidencia con una propuesta proteccionista de la empresa genuinamente estadounidense. Promete preservar los puestos de trabajo y la producción dentro del territorio norteamericano, estableciendo condiciones mucho más atractivas para que los grandes capitalistas regresen al suelo estadounidense.

Noticias financieras, conflicto de aranceles

Aquí es donde empieza el conflicto. Para cumplir con sus promesas, Trump decide imponer aranceles del 25%  a alrededor de 1300 productos chinos, entre los que destacan los aparatos electrónicos, la maquinaria industrial, productos químicos y farmacéuticos.

El aparente ensañamiento de Trump con China viene dado porque los acusa de ventajistas, al aprovechar las, como ya dijimos, desfavorables condiciones de ciertos tratados de comercio, a la par de que mantienen unas condiciones laborales casi de explotación (lo que las hace muy atractivas para las grandes empresas), que distan mucho de las estadounidenses, además de acusarlos del robo de ideas y tecnología.

A lo que consideran como un atentado contra su capacidad industrial, China respondió casi de inmediato a estos anuncios estadounidenses con la misma imposición de medidas arancelarias en una lista de productos mucho menor, pero de igual valor económico: aviones, autos, químicos y producción de soya. Si bien en su momento no se conoce la fecha de inicio de estas medidas, se cree que el régimen de Beijing está atento a los próximos movimientos estadounidenses para comenzar a aplicarlas.

Afectados indirectos

Estas medidas estadounidenses, cuyo fin, según Trump, es superar el déficit producto del ventajismo chino, además de estimular la decaída producción industrial interna, tienen consecuencias alrededor del mundo.  La retirada de grandes fabricantes de todo tipo de productos de otros países de la región, o bien atraídos por las facilidades ofrecidas por Trump o temerosos de las medidas arancelarias anunciadas para China, tienen un costo inevitable: la pérdida de los empleos.

Por otro lado, se estima que un regreso a la producción meramente estadounidense de bienes y productos podría traer como consecuencia el encarecimiento de todo tipo de mercancías, lo cual sería negativo para las economías emergentes y el poder adquisitivo de los usuarios en mercados más pequeños.

Quizás por esto la jugada china sea la de ganar espacios diplomáticos en regiones con las que tradicionalmente no mantenía fuertes lazos de hermandad, como se ha visto recientemente en Latinoamérica, donde gran cantidad de naciones han llegado incluso a romper relaciones con Taiwan, cediendo a evidentes presiones diplomáticas de Beijing.

El escenario del conflicto está dado, los contendientes parecieran estar uno frente a otro analizando cuál puede ser la próxima jugada del adversario. Solo el tiempo dirá si son capaces de llegar a acuerdos que garanticen cierto equilibrio en el ecosistema comercial y económico mundial.

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